Prensa Escrita
Cerca de la extinción, el periodismo y la libertad de expresión en México estarían por ceder el paso a la desinformación y la manipulación de las conciencias, como resultado del despliegue de una estrategia de corrupción y miedo, por parte de organizaciones delictivas y políticos cómplices en todos los ámbitos del Estado.
Al reseñar así el panorama que la democracia mexicana enfrenta, ante el ascenso de la violencia para acallar la denuncia de ilícitos, impunidad, abusos, complicidad, demagogia y corrupción, el presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex), Armando Prida Huerta, advierte del aumento de asesinatos a periodistas y del estado de indefensión en que se encuentran.
La mayoría, afirma, ocurre al norte, en estados como Chihuahua, en muchas de las ciudades fronterizas, en donde el asedio de organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, no sólo es hacia periodistas sino también a los medios para los que trabajan.
Así, relata, los periodistas de la zona saben de amenazas y atentados; de golpizas y desapariciones; balaceras y homicidios; de la preocupación y el terror en el rostro de familiares, mientras que diarios, revistas y estaciones de radio y tv, añade, conocen del estallido de granadas de fragmentación, de otros artefactos explosivos y de la lluvia de balas contra sus instalaciones.
Con todo, asegura el empresario editorial y periodista, el ascenso de la violencia no es todo lo que oprime al periodismo; tampoco la delincuencia organizada es la única que lo asedia, ni es sólo éste la única víctima de un contexto de impunidad, complicidad y corrupción que tiene de rehén a la sociedad, desde hace décadas.
Víctima él mismo de la represión oficial, dice sin embargo que si bien resulta caro decir la verdad, sale más caro no decirla.
“Es cierto que en este país podemos decir abiertamente la verdad; la consecuencia es que entonces si no se desata la respuesta violenta de las organizaciones criminales, se desata, por ejemplo, el hostigamiento fiscal de la Secretaría de Hacienda; la indiferencia de la Secretaría de Gobernación y la asfixia financiera de todo el aparato gubernamental”.
Durante el foxismo, Prida Huerta tuvo severas diferencias con la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito; pese a ello, hace notar, si el periodismo y la sociedad en su conjunto ceden ante el despliegue del terror que, por una parte, hace la delincuencia organizada o frente al estrangulamiento financiero de funcionarios de todos los niveles de gobierno, la consecuencia será que “entonces hablará el silencio. Y cuando lo haga, habrá temor, agresiones y más violencia”.
Prida Huerta hace notar que la incesante violencia contra la libertad de expresión ha llevado a tal nivel de parálisis que, no obstante la muerte de periodistas –van cinco este 2010-, no existe voluntad de las autoridades para esclarecerlos y, hasta el momento, no hay siquiera una ley federal que los proteja.
Lo que si hay, hace notar, son dos problemas fundamentales: uno, la impunidad que, sencillamente, impide que las indagatorias, cuando se inician, lleguen a los autores intelectuales de homicidios. Y en el mejor de los casos, a lo que se llega, es a la detención de los sicarios, de los autores materiales, lo que no significa que necesariamente vayan a ser procesados.
Pero los autores intelectuales, sostiene, gozan de una cobertura total, de una absoluta impunidad que no puede ofrecer nadie más que las propias autoridades gubernamentales.
“Tenemos en México varios problemas que causan el asesinato de periodistas, primero la impunidad, es muy difícil, de verdad, que se castigue a los autores intelectuales; en ocasiones se castiga a los sicarios que ejecutan al periodista. Pero llegar a quien lo planeó y ordenó es muy complicado. Y aunque castiguen al sicario, el cerebro sigue vivo y cada vez que le publiquen algo que lastime su creencia, su actuar, ordenará otro asesinato o en su defecto un ataque al medio con granada o a un civil o a unos policías”.
El segundo, continúa, “es la corrupción, es evidente que el narcotráfico y no sólo éste sino la parte política, están vinculados mediante la corrupción, es decir, mediante la compra de voluntades para decir lo que interesa o no decir lo que afecta. Y si esas dos cosas se juntan, si el dinero no es suficiente, entonces viene el asesinato. Este coctel explosivo genera la gran opacidad en México y todo mundo prefiere ya no tocar ciertos temas”.
Para el presidente de la Fundalex, seguir por esta ruta indefinidamente va a ocasionar que, por ejemplo, en elecciones, ni siquiera seamos capaces de advertir que, en realidad, con el voto la ciudadanía no haría sino validar políticas de gobierno que, primero que nada, van a beneficiar a organizaciones criminales. |
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